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jueves, 7 de agosto de 2008
Introspeccion de un alma atribulada
Romanos
- Sé perfectamente que está mal, sin embargo lo hice, no sé porque no pude contenerme.
- Yo no quería hacerlo, pero fue más fuerte que yo y lo hice y ahora me siento muy mal.
- He orado y le he pedido a Dios perdón y que me ayude a no hacer esto de nuevo, sin embargo caigo una y otra vez, no sé que hacer.
- Me duele mucho esto que hago, me siento muy mal delante de Dios, pero siento que no puedo evitarlo, creo que estoy perdido, quisiera morirme.
Todas estas frases, han sido parte de mi vida en algún momento de mi existencia y sé que hoy día muchos hermanos sufren de forma similar.
Y para mi sorpresa el mismísimo apóstol Pablo se sintió alguna vez de la misma manera pues escribió.
“… lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”. Romanos 7:14.
Todos los creyentes en Cristo que de forma genuina amamos a Dios sufrimos en nuestra conciencia y en nuestro corazón cuando sabemos que hemos hecho algo que no le agrada a Dios que además entorpece nuestra comunión con él y por lo tanto debemos entender las causas que nos motivan a cometer tales acciones.
Pablo mismo explicó la causa cuando dijo…
“De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí”. Romanos 7:17.
El problema esencial contra el cual buena parte de la comunidad cristiana se enfrenta, es la presencia del pecado en su corazón, pues no han comprendido verdaderamente el alcance del sacrificio expiatorio de Jesucristo, quien como cordero de Dios, quitó absolutamente todos los pecados de la humanidad (Juan 1:29), es decir que Cristo nos liberó no solo de los pecados del pasado sino inclusive de los pecados futuros y por supuesto que también nos ha liberado de los pecados actuales.
Si el cristiano permite que el pecado permanezca en su corazón, entonces será este pecado el que tome el dominio y le haga cometer pecado delante de Dios.
La reincidencia en el pecado obedece a la terrible confusión de la cual muchos hemos sido presa, pues a veces entendemos al remordimiento como si se tratara del arrepentimiento, el Señor Jesús fue claro cuando dijo.
“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Lucas 5:32.
El remordimiento es la sensación de tristeza, preocupación, angustia o dolor a causa de algo que hicimos mal noten lo que pasó en el siguiente pasaje…
“Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho”. Lucas 23:47, 48.
Aquí la gente no se arrepintió verdaderamente de haber crucificado al Señor, sino que sencillamente se sintieron mal después de haber apreciado el espectáculo que les significó su crucifixión y ante la declaración del centurión quien dijo…
- Verdaderamente este hombre era justo
El arrepentimiento al que hemos sido llamados, precede al remordimiento y además exige, volvernos atrás y dejar de hacer el mal que estábamos haciendo.
Pablo en su angustia exclamó.
“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Romanos 7:24.
Así que para vencer al pecado que mora en cada uno, primeramente debemos reconocer y aceptar que Jesucristo nos ha limpiado de todo pecado y si no lo sientes así entonces debes pedirle perdón a Dios y aceptar y recibir a Jesucristo como tu único y suficiente salvador.
Enseguida debemos recurrir a la confesión y arrepentimiento de eso que hicimos mal en apego a 1 de Juan 2:1.
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.
Asimismo debemos rendir nuestra debilidad al Señor y pedirle que sea él quien tome la victoria sobre el pecado en nosotros.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Romanos 8:1, 2.
“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”. Romanos 8:12-15.
Es importante ejercitar la vida en el Espíritu, orando en todo tiempo (Lucas 21:36), escudriñando la escritura (Juan 5:39), no dejando de congregarnos (Hebreos 10:25), predicando el evangelio de la salvación.
Nunca olvides que…
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:13.
Amén.
Dios Te Bendiga.
Decisiones
Esto lo escribí hara unos meses. Reflejo de mi, totalmente.
Decisiones. He esquivado hacer esto desde hace bastante tiempo, pero necesito hacerlo. Hoy me fui a matricular, a rehacer mi vida a continuar con esto que es el estudio. Espero acabar. Quiero acabar. Necesito acabar. Dejé la carrera agobiado por las malas relaciones, las bajas nota, sentir que no era mi ambiente, que no servia para eso, que mejor me dedicaba a "multiplicar mis talentos." Hoy me doy cuenta de lo errado que estaba. Usé lo que me dijo una vez Francis Castañeda, del Instituto Allegro: De que Dios nos ha dado talentos y debemos de utilizarlos. Ignoré a Dios, y preferí escuchar a un hermano que me decía algo, y lo descontextualicé (Sin advertirlo, pero lo hice) y me fui por mi lado. Sentía en mi corazón como mi conciencia, mi espíritu, se revolcaba por el hecho de mi desobediencia, pero no la quise escuchar. Así que deje atrás a Rocío, José Antonio, Marilia, Marita y demás personas que considere mis amigos, pero que los veía distantes. Me sentía que sobraba, que no encajaba, y para mí, eso era como morir. Además, había desaprobado cuatro cursos de 6, y los que aprobé los aprobé con una nota netamente mediocre. Pero dentro mío aun estaba la incógnita sobre porque Dios permitió que llegara a administración. Cuando postule, decidí que daría un vuelco al área laboral al aplicar mis conocimientos sobre el capital del estimulo y del uso consciente del capital humano. Al entrar me percate de que hay toda una doctrina sobre los recursos humanos. Sentía que estaba sobrando, me sentía en un barco, Sin timón ni hélice. Como el Abraham Lincoln de 20 000 leguas de viaje submarino. Estaba agobiado por todo esto y decidí por el camino fácil: mi suicidio académico, matar mi carrera. Solo necesitaba un impulso, un pretexto, una excusa, algo que me moviera a hacerle caso a mi subconsciente: Y eso llegó. Con los campamentos. Habíamos estado de huelga cerca de cuatro meses en total. Yo quería que dieran de baja al semestre, y con este al año, y volver a comenzar, sin cometer los errores del pasado. Estaba alistando todo para mi huida hacia Vitor, planificando últimos detalles, juntando a la gente, preparando las cosas, cuando, faltando un par de semanas, se anuncia el levantamiento del paro. Reiniciábamos labores el mismo día del primer campamento. Yo no me la podía creer. Pero debía afrontar. Tenía un deber para con mi familia, y debía seguir en el barco hasta el último momento, hasta ver que es imposible estar ahí encima para lograr revertir la mala situación. Me moría, definitivamente, pero debía seguir. Estaba en una encrucijada digna del burro de filosofía con el agua y la paja: Sin saber que escoger. Por un lado estaba mi ego y mi terquedad que se negaba a dejar el barco: Decía que todo era posible para mi si es que yo me lo proponía, que era alguien muy capaz y por lo tanto esto solo era un obstáculo en mi camino, que la matemática podía ser aprendida y dominada, y que en ese momento yo seria un excelente alumno, y un excelente profesional al salir de ahí, pero por otro lado estaba mi raciocinio, que me decía que era humano y que tenia mis limitaciones. Así que me puse a pensar en mis dones, con la conversación, la lectura, la escritura, la redacción, la fotografía, el video, el sonido, y me decidí a dejar esa carrera por otra mas afín a mis capacidades: Ciencias de
lunes, 9 de junio de 2008
El dios y la Mártir - 2º Parte
Mis pensamientos inconscientes. No me interesaba lo que pensara la otra persona, no me interesaba ni lo que ella sentía, ni lo que yo sentía, pero aun así, ¿Por qué no experimentar por primera vez para ambos el estar en una relación de pareja? ¿Porque no, a pesar de la poca vinculación emocional decisiva en estos casos, lo intentamos, a ver que sale? ¿Por qué no?
Bueno. Y llego la noche, salpicada de estrellas, con una que otra nube ocasional, y con una hermosa luna de cuarto menguante, en resumen, una noche perfecta. Siempre según mis propios términos. Ya casi es hora. Son cerca de las 7, y ya estoy dentro de la cabina, ingresando al Messenger. No hay rastros de ella, pero si está en línea su amiga Maria Jimena. Si. Vaya nombre. En fin. Jime me presentó a Lucía en una graduación, de unos compañeros de estudios. Además, Jimena siempre has sido una persona centrada e inteligente. Así que, al ser mi amiga, y de ella también, puedo contar con ella, y me puede dar una opinión razonable sobre lo que estaba a punto de hacer.
Jime, mira, Lucía me ha dicho esto…- Le conté el episodio de la última charla por Internet. También le narré mis planes de querer estar con ella. - ¿Qué hago? –Le dije- ¿Cómo lo hago? Me propuso que la fuera a recoger del cole un día, que de ahí me la llevara al Artika abajo, Y que ahí, como quien no quiere la cosa, le propusiera que estemos. Lo mas probable seria que me dijera que si.
Bueno, una vez asesorado convenientemente por la mejor amiga del objetivo, el siguiente paso: Hablar con ella. Será simple. Espero. De nuevo, me equivoque. Quise iniciar la conversación hablando de lo que sea, le dije que la quería ver, que la quería recoger del colegio. Fallé. Me dijo que para ella era muy rocoso que alguien la fuera a recoger. Opté por otra hora, y quedamos el viernes en la tarde. Dado que por esos días mi economía atravesaba duros días, deseché la alternativa de ir al Artika. Además, odiaba –Y odio- Los locales con mucha gente. Así que mi segunda opción fue el parque. Solos, sin mucha luz ni mucha gente, era perfecto para lo que quería conseguir. Así que, se lo propuse. Y tuve éxito, quedamos para el viernes, unos cuatro días después, en el parque de León XIII, a las 6 de la tarde. El problema surgió después, en esos mismos momentos, porque, aunque parezca increíble, empezamos a pelear.
Pelea. Si. Pelea. Toda pelea se compone de un motivo, ya sea causa o pretexto, argumentos para defender una u otra posición, y, invariablemente, dos o mas necios. Discusiones sin sentido, como la nuestra, que comenzó porque yo, queriendo cambiar el tema, y para desestresarme, le pregunté sobre su futuro. (Cierta lectora que me conoce se hallará quizá identificada, y no es para menos, es uno de mis temas favoritos, más aun en ese tiempo). Pero aquí, en esta ocasión, mi amiga estaba perdida sin saber para que estaba en este mundo, y mucho menos para que era buena. ¿Y quien no? A esa edad usualmente el común de la gente no sabe para que puede rendir, y no afronta tampoco a la realidad de que esa decisión puede acarrear muchas consecuencias, nunca, menos a esa edad, antes imaginadas.
Pero yo, ser iluminado y autosuficiente, eso también ya lo tenia bien planificado y bien resuelto para ese entonces, incluso para antes de salir del colegio, yo ya sabia lo que quería.
Y como ella no lo sabia, y se sentía insegura de para que estaba aquí, yo me puse a decirle que todos tenemos un propósito, que estamos aquí por algo, y que para algo fuimos creados, en fin.
Pero ella me respondió de manera poco amable: ¡Ay no, no un discurso!
Eso me dolió. Eso fue contrario a cualquier reacción posible. Yo no podía estar con una persona que odiara esto de mí, ya que eso era algo metido en el fondo de mi personalidad, y al negar eso, me estaba rechazando a mi mismo.
Lleno de dolor, herido de muerte, quebrantado como un toro de lidia al que ya le dieron la estocada final, tambaleante, mareado y confundido, cual luchador al final de un combate mortal, se me olvido por completo la sutileza, y el tino aconsejado por mis amigos. –Hay una norma establecida, pero tácita en las relaciones de enamorados, esta es: Nunca, pero NUNCA, te mandes por Internet.- Había llegado pensando en eso, y en evadir el hacerlo por ese medio, llamado muchas veces por Silvia, mi hermana “impersonal”, y por mi, hasta usualmente poco serio, pero, al fin y al cabo, estaba herido, y le solté todo.
Le dije mis intenciones y lo que pensaba hacer, y le mostré que me sentía herido. Luego, llegué al punto de preguntarme que hacer, pero al final convenimos en que ella lo iba a pensar. La había agarrado por sorpresa. La había estado paseando desde tiempo antes con preguntas como: ¿Lucía, yo te gustaba cuando nos conocimos, cierto?-Si… ¿Y si cuando nos conocimos, yo te hubiera dicho para estar que habrías respondido? -Supongo que te habría dicho que si… A ya. Pero ella no se suponía que yo le haría la pregunta crucial: Entonces, ¿quieres estar conmigo ahora?
Fría. Frío boreal que debía helar su sangre estaba ahora alrededor de ella. Convinimos en que de todos modos nos encontraríamos el viernes siguiente en el sitio convenido. Mientras tanto, y como si fuera tema aparte, y con otra persona, ella lo pensaría. Adiós Adiós, cuídate mucho, Chau. Fin de la conversación.
viernes, 9 de mayo de 2008
Como nacen y mueren los sentimientos
como damos vida y matamos con una simpleza y una facilidad soberbia, ufanada de lo fácil q es,
Las palabras se las lleva el viento, los sentimientos cambian cuando las palabras se van.
Pero como dice Drexler: "Nada se pierde, todo se transforma" de hecho, todo se transforma. La divinice, luego la odie con todas mis fuerzas, luego... las nada infinita, ese espacio en el que solo esta el mar de la tranquilidad, inerte, inexpresivo, no viva, pero tampoco muerto.
Lo que esta muerto, es porque alguna vez tuvo vida, pero no siento que algo se haya muerto, siento q nunca estuvo vivo, y, por sobre todo, creo que fue solo una imagen de mi imaginación, un producto artístico y plástico de mi cabeza, un retrato de mis ideales, cosas mentales pero encerradas y no tangibles. En eso se resume el sentimiento, pero el sentimiento se vuelve acción cuando se comparte, es ahí cuando la conexión proyecta el sentimiento y lo vuelve un pensamiento. Y cuando el pensamiento es fuerte, esta presto a ser convertido en una acción. Y esa acción, se llama amor, o se llama odio o se llama envidia, o se le puede denominar de una o mil maneras. Entonces llegamos a la conclusión de que la acción es un sentimiento, pero solo el sentimiento llega a ser acción cuando existe una conexión. No te pido, lector amable, que estés de acuerdo con lo que aquí expongo, ya que es un fruto de mis pensamientos, una carga de sentimientos, y una muestra intangible que no se ha traducido en acciones. Una vez que ocurra esto, júzgame por mis actos, mas no por mis palabras.